Cuando te miraba...
Cuando te miraba, sentía que, nada más podía llenar el
momento que estábamos viviendo. Cuando te besaba sentía el palpitar de las olas
y cuando te acariciaba sentía el roce del agua, que suavemente toca las pieles
de sus visitantes.
Y no lo podía creer, tú en ese instante… que pequeño es el
mundo y que grande nos sentimos en momentos como este.
Pero como todo, nada es para siempre. Nos alejamos, un adiós
salió de nuestros labios y nuestros cuerpos se separaron. Poco a poco, las
sombras andantes sobre la calle se iban dibujando, los pájaros que aún no están
acostumbrados a la presencia de seres andantes, se elevaban hacia picos más
altos; las palomas (feas palomas) tan arrogantes, caminaban al lado de aquellas
sombras. Entraste al edificio, donde aguarda tu morada. Entraste y, estaba
ella, tan hermosa como siempre, con su piel tersa, sus labios rojos, su larga
cabellera y su corto vestido; sentada en el sillón, revisaba la última moda de
parís. Abriste la puerta, y de un brinco ella saltó a tus brazos.
-¡Bienvenido amor!- decían sus labios, que terminaron
juntándose con los tuyos. Tú un poco osco, retiraste tu presencia y te
dirigiste hacia la alcoba. ¿Pero qué ha pasado?, ella ha quedado confundida, no
lo entendía, una y otra vez recordaba las cosas que había dicho y hecho en la
mañana, para ver si había fallado en algo (…) no, nada (…)
Tú recostado sobre la cama, pensabas una y otra vez, tus
pensamientos agobiaban el momento, tu cuerpo empezó a conectarse con tus
pensamientos y estallaste… ¡No puedo seguir así, es hora de acabar con esto!
La miraste a los ojos y, le explicaste lo que ocurría, ella
no lo entendía, ¿Cómo pudiste hacerle eso?, ¡a ella!, la mujer que te amaba
profundamente, a la que un día juraste amor en vida. La que te acompañaba las
noches de vino y chimenea, la que te cuidaba y dejaba que cuidaras, la que te
dejó amarla.
Tan solo el tiempo comprendió el momento tan amargo que
transcurría, las lágrimas que se derramaron, las miles de disculpas que se
dijeron, la infinidad del silencio y el amor que seguía.
Ella se levantó, callada, fría, te miró a los ojos y, ahí
supiste que la dulce mujer que te acompañaba se había transformado, te miró con
tanto desprecio, con tanto dolor… camino lentamente hacia la puerta y se
marchó…
El apartamento quedó solo, se sentía vacío, pero bueno, ¡por
fin lo habías hecho!
Pasaron los días y tú seguías visitándome, seguías
compartiendo momentos conmigo, pero algo extraño se sentía, ¡no eras el mismo!
Que extraño, cada vez te veías más cansado y sin vida. ¿Qué te ha pasado
cariño? ¿Por qué pareciera que una fuerza sobrenatural está consumiendo tu
esencia?
Te acompañé a tu apartamento, gran sorpresa terrorífica me
llevé, todo allí estaba vacío, falto de vida, de calidez, todo estaba seco y
frío. Algo ocurría, algo faltaba, algo ya no vivía. Todo estaba muerto, y como
muerto ya no tenía otro destino.
Se ha ido, tu alma se ha ido, ¿Cómo la dejaste ir?, ¿Cómo
ocurrió todo esto?, ¿a quien le has
vendido tu alma?, ó ¿Dónde está tu alma?... se ha ido cariño, se ha marchado,
ya no te queda más por vivir, tan solo queda esperar que tu cuerpo se
transforme en esa masa seca de huesos y piel ajada, en ese cuerpo frío y seco.
Esperando que por fin te marchitez para así dejar de existir, eso, esperando a
dejar de existir, he ahí tu destino, sin remedio a transformarlo… tu alma se ha
marchado y yo me he marchado con ella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario